Follow by Email

sábado, 25 de febrero de 2017

QUIERO ESTAR SOLTERA PERO CON VINO


Y otro mes de febrero más, hemos sobrevivido a un San Valentín con "50 Sombras" en cartelera, al "Quiero Estar Soltera Pero Contigo" haciéndose viral, a los muros de Facebook llenos de ñoñerías, al ir y venir de ramos de rosas, a la purpurina, los globos con forma de corazón, las ofertas de 2x1 en los restaurantes y a la gente echando pestes cual Grinch de que el día de los enamorados es un invento de El Corte Inglés. Y es que al final San Valentín es como el día de la marmota. Yo, que soy partidaria de celebrarlo absolutamente todo, este día me parece una excusa más igual de buena que cualquier otra. Pero como casi todos los años, me ha vuelto a tocar en el bando de los que no celebramos nada. Y es que es así, hay dos bandos claramente definidos y el día de San Valentín se convierte en una especie de solteros contra casados: Por un lado está la gente que tiene pareja, y cree firmemente que mientras ellos están haciendo cola en la floristería y llamando incansablemente a todos los restaurantes de la cuidad para encontrar una puñetera mesa para dos, tú estás viviendo la noche como el Lobo de Wall Street. Y por otro, la gente que no la tenemos y nos pasamos la tarde recreándonos en nuestra miseria, pensando que el resto del universo está bebiendo vino, oliendo rosas y follando como conejos.

Pero dejemos por un momento de idealizar y seamos realistas. Por lo general, ni la soltería ni el matrimonio funcionan así, al menos no siempre. Porque tener pareja puede ser absolutamente maravilloso en esas noches románticas de champange, velas y besos apasionados, pero también puede ser un autentico dolor a la mañana siguiente cuando te levantas para encontrarte con que tu pareja se ha bebido todo el café que quedaba y te dan ganas de matarlo, pero al final no lo haces porque sabes que luego le echarías mucho de menos. Al igual que durante tu soltería tendrás días de gloria provocados por tu absoluta libertad económica, emocional y sexual, y días de mierder provocados por tu absoluta falta de sentido común al haberte bebido una botella de vino entera la noche anterior en tú más íntima soledad.

Y es que hay días en los que no queda otra. Por eso es mucho mejor estar soltera pero con vino. Porque a veces, en este mundo diseñado para parejas, donde la soltería parece ser una enfermedad que nadie quiere padecer, hace falta vino, mucho vino para poder aguantar:

- La eterna pregunta de la sobremesa: "¿Y tú cuando te vas a echar novio?" Mirad, ya no es cuando me eche novio, es que cuando conozca a un tío al que me apetezca ver por segunda vez, se lo contaré a todo el mundo, me lo pondré de estado en whastapp y twitter, subiré fotos a facebook e instragram y haré camisetas conmemorativas. Porque, amigos y amigas con pareja, siento comunicaros que el número de solteros se reduce drásticamente a partir de los 30 y se empieza a ligar por eliminación, así que el día que se alineen los planetas y conozca a un zagal con el que me apetezca volver a quedar, creerme, os enterareis. 

- A la amiga entusiasmada, que estrena soltería después de haberse pasado tres cuartas partes de su vida adulta saliendo con un muermo y ahora está que se sube por las paredes: "Ahora es mi momento. Mi momento de experimentar, de divertirme, de retomar viejas amistades y de hacer otras nuevas"  Y yo pienso: "Ya. Verás cuando empieces a dar con cafres".  Aún así me callo, porque quien soy yo para quitarle la ilusión a una nueva soltera. Simplemente organizo una despedida de casada y la doy la bienvenida al club de las Morenas en Apuros. Y es que la mayoría de la gente pretende retomar su soltería exactamente donde la dejó: a los veinte. Siento desilusionaros, pero olvidaos de ese interail que os pegasteis en primero de carrera, de salir los viernes y volver los domingos y de ligar indiscriminadamente, porque aun que estéis otra vez solteros/as como hace diez años, no vais a viajar más los colegas, no vais a salir más de fiesta, y sobre todo, no vais a follar más

- A toda la gente que me compadece y que tiene más ganas de que me eche novio que yo, porque no entienden que ya me siento realizada tal y como estoy, o a la gente que cuando les digo que no estoy casada me miran como si estuviese diciendo que no sé atarme los cordones de los zapatos.

Pues sí, seré sincera, hay días que la soltería apesta. Pero también apesta permanecer impasible en una relación en la que no eres feliz, así que rompamos todas las normas sociales establecidas que nos enseñan a cumplir ciertos parámetros, pero que no nos enseñan a ser felices y vivamos nuestras propias historias sin esquemas. Porque un estado civil no define tu valía como persona ni trae la felicidad. Eso solo depende de ti. Y yo nunca he estado tan triste como cuando estuve en una relación infeliz y nunca he estado tan contenta como cuando descubrí lo maravilloso que puede ser dedicarme tiempo de calidad a mi misma. Por suerte, he sido tan detallista con mis parejas como lo soy conmigo misma, y desde que estoy soltera nunca he dejado de usar lencería, encender velas, abrirme una botella de ron del bueno cualquier día porque sí u organizarme una velada maravillosa en mi restaurante favorito. Sola, sí. Y lo mejor de todo es la cara del camarero, cuando me mira pensando: "no se lo va a comer todo ella sola". Aparta y observa, amigo, que soy mujer de buen comer y lo mejor de estar sola es que no tienes que compartir postre con nadie.

Ya veis, todo tiene sus luces y sus sombras. Y como sé que hay momentos de la soltería en los que se tienen necesidades físicas y emocionales, aquí os dejo una serie de consejos para morenos y  morenas en apuros que queréis disfrutar de la vida tal y como venga, que estáis abiertos tanto una relación estable, como a una aventurilla divertida o a una noche de pasión y que os seguís negando a usar Tinder, A mí, personalmente me han funcionado muy bien, os animo a ponerlos en práctica:

- Probad suerte en la cena de navidad de la empresa (véase entrada de blog anterior): ¡¡¡ADVERTENCIA A PRINCIPIANTES!! el 90% de los líos en las cenas de empresa, acaban a gritos una semana más tarde en alguna sala de reuniones y solo un 10% acaban en matrimonio. Aun así, es muy divertido, merece la pena aun que luego te tires un mes en el trabajo que no te acercas ni a pedirle un boli. Yo todos los años me sorprendo a mi misma.

- :Viajad todo lo que podáis. Y no hace falta esperar a que alguien os diga "coge el pasaporte que nos vamos". Hay veces que es tan fácil como comprar un billete de avión y que te pongan un sello en el pasaporte en el aeropuerto de entrada. Porque las relaciones en los viajes son muy intensas y maravillosas. Ninguna relación va a ser tan enriquecedora como esa relación exótica y pasional que puedas encontrar en un viaje para el que ya tienes billete de vuelta.

- Nunca subestiméis el poder de la seducción: Porque no te cambio el "hola ¿que ase?" "mándame una foto de cuerpo entero" o el "sexting" por las sonrisas pícaras, los susurros al oído, las caricias y el acabar echando un polvo astronómico con todas las luces encendidas.

- Esta va sobre todo por vosotras: Atreveos a conocer gente. Quitaos los prejuicios. Porque por suerte el concepto del galán está quedando bastante trasnochado y podemos perfectamente invitar a salir a un hombre. Las que de verdad nos atrevemos, a lo mejor nos llevamos alguna que otra cobra de vez en cuando, pero no pasa nada, la vida suele seguir igual después de una cobra. Y si os sale bien la jugada, lo vais a pasar infinitamente mejor que las que están en el cine viendo 50 sombras, pero de largo (lo siento E. L James, no nos has enseñado nada nuevo)

Porque como ya he comentado en otras ocasiones, en una relación existen dos posibilidades: Que se acabe en algún momento o que dure toda la vida. Y ambas opciones son aterradoras. Un estado civil puede ser algo efímero que muchas veces ni siquiera elegimos, así que solteros y solteras, disfrutad de vuestra soltería y casados y casadas, disfrutad de vuestro matrimonio. Vivid vuestra historia a vuestra manera y haced lo que os de la real gana, pero con vino. Siempre con un buen vino.

Y como ya viene siendo habitual... nunca, nunca, nunca, hagáis caso a la gente que os dice que tenéis que dejar de divertiros.

Sed felices!!


jueves, 15 de diciembre de 2016

EVENTOS NAVIDEÑOS: EXPECTATIVAS VS REALIDAD


Llega uno de los momentos más esperados del año, amigos y amigas en apuros: el final. Y con este final llegan las navidades, los nuevos propósitos, el champange, las cosas con brilli brilli y como no, los múltiples eventos navideños como la cena de la empresa y la fiesta de fin de año. Casi todo el mundo sabe ya a estas alturas que no soy muy fan de estas fiestas, que todos los años me las veo y me las deseo para meterme en el vestido del año pasado, que no me gustan los langostinos y que casi siempre tengo que desear fervientemente que me trague la tierra el día después de la cena de navidad del trabajo. Pero como sí que soy muy fan de pasarlo bien, este año he decidido darle un enfoque más positivo y constructivo al tema de la fiesta de la empresa y antes de asistir, me hice una lista de propósitos, digna de una persona que por fin ha aprendido de las lecciones de la vida:

1. Soy lo suficientemente madura y responsable como para ser capaz de gestionar el tema de la barra libre y saber comportarme en sociedad.

2. Puedo aprovechar para dar una mejor imagen de mi misma y ampliar mi círculo de amigos en la oficina, poniendo en practica las estrategias sociales que he desarrollado durante los últimos meses.

3. Puede ser un buen momento para acercarme a Felipe del departamento de contabilidad.

Pero como todos los años, las expectativas están muy lejos de la realidad y la realidad siempre supera a la ficción ¡Me río yo de la última peli de Jennifer Aniston y su fiesta de empresa! Al final no me queda más remedio que hacer control de daños y ser realista con las fiestas de navidad en general y con las mías en particular:

1. Nunca voy a ser lo suficientemente madura y responsable como para ser capaz de gestionar el tema de barra libre y mucho menos para comportarme en sociedad habiendo alcohol gratis de por medio.

2. Me despierto por la mañana y después de preguntarme durante un buen rato si ese cuadro tan feo estaba allí ayer y que cuando coño he comprado yo estas sábanas, me doy cuenta de que no estoy en mi casa. Me hago bicho bola en la cama tapándome entera con la sábana y me planteo muy seriamente el no volver a salir de ahí el resto de mi vida, ni volver a interactuar con otros seres humanos.

3. La cena de navidad de la empresa no sirve para hacer amigos, ni mucho menos. Además no está mi equipo técnico de amigas como de costumbre para sacarme de los marrones, quitarme el móvil, tirarme la copa por el lavabo y meterme a empujones en un taxi, no. Al menos está la compañera de departamento amable que se sube corriendo al escenario del karaoke para colocarme bien la blusa justo antes de que se me salga una teta. Benditas personas sobrias que velan por nuestra dignidad.

4. Todos mis intentos de sentarme al lado de Felipe del departamento de contabilidad son un autentico fracaso. Y es que sentarse en la cena de empresa es un sálvese quien pueda. Al final acabo sentada entre mi jefe y el plasta de turno, que cuando todavía no vamos ni por el segundo plato ya lleva un pedo que no le aguanta ni su madre.

5. Llego tres horas tarde a trabajar. En vez de ir preocupada, voy pensando que bastante que me presento allí después de la que he liado y que por lo menos he tenido la decencia de pasarme por casa a darme una ducha y cambiarme para no aparecer con la misma ropa de ayer. Hago el paseo de la vergüenza por toda la oficina hasta el despacho de mi jefe, sin otra excusa que la de que anoche me agarré una mierda de tres pares de cojones. No hace falta que se lo jure, a estas horas de la mañana ya ha visto todos los videos del karaoke.

6. No recuerdo ver a Felipe del departamento de contabilidad en toda la fiesta, pero me estoy temiendo que él sí me haya visto a mí. De lo que sí que tengo vago recuerdo es de estar en la recepción de un hotel con los tacones en la mano y abrazada al plasta de la cena como si nos fuese la vida en ello, intentando vocalizar para que nos den una habitación. Nos dan una habitación, subimos y tenemos que volver a bajar porque no nos acordamos del número (¿¡pero que ha sido de esos llaveros gigantes con el número de habitación impreso que te daban antes en los hoteles!?) Es la 404. Estamos una hora intentando abrir la puerta hasta que nos damos cuenta de que estamos intentando entrar en la 402. Cuando por fin encontramos la 404, tenemos que volver a bajar a recepción porque no somos capaces de encontrar el interruptor de la luz. El tío de recepción no da crédito. Pedo nivel no encontrar el interruptor de la luz, vaya noche de pasión...

7. Para mannequim challenge, el que me marco yo toda la mañana cada vez que este tío pasa por mi mesa.

Y después de esto juro y perjuro que no vuelvo a beber, y mucho menos en una cena de trabajo. Pero lo que en realidad quiero decir es que no vuelvo a beber hasta nochevieja, la otra de las grandes noches idealizadas del año. Y para esta no necesito ni buenos propósitos ni una bola de cristal, porque nochevieja es el puñetero día de la marmota: Otra vez me han boikoteado mi plan de cogorzón en casa calentitos y se han largado a un cotillón, así que me pongo mi chandal de beber y me quedo en casa con la familia. Pero es que es ver a Ramonchu con su capa y tomarme las doce uvas y me vengo arriba. ¿Como voy a empezar el año así? la noche de fin de año es una noche mágica, llena de glamour, tacones de aguja, canapés y champange, pero sobre todo es una noche muy de arrimar la cebolleta porque, por supuesto, todos queremos empezar el año pillando cacho. Así que intento embutirme en mi vestido de brilli brilli del año pasado, me pongo mis mejores tacones, cojo mi mini bolso de fiesta en el que no me cabe nada y mi pintalabios rojo y salgo pitando a pagar 80 euros en el bar al que entro todos los fines de semana por 10, para que me den una bolsita con un matasuegras y un collar de hawaiana, matarratas para beber y si no llego muy tarde, a lo mejor algún sanwich de mortadela rancia con 7 litros de ketchup para disimular. Y aquí empiezan las desilusiones, porque siento mucho deciros, amigos y amigas, que nochevieja es la peor noche del año:

1. Al final me he pasado en casa con la tontería del champange y llego a la fiesta como la moñoño.

2. Son las tres de la mañana y en la barra libre solo hay gin tonic con sabor a colonia y vodka con kiwi.

3. Mataría ahora mismo por un sanwich de mortadela rancia, pero no queda ni uno.

4. Me paso toda la noche quitándome babosos enajenados de encima que intentan arrimarme la cebolleta bailando el caballito de palo.

5. Tengo que quitarme los tacones para no matarme en el suelo pegajoso, que a partir de cierta hora empieza a apestar a alcohol podrido.

6. Fin del cotillón, hora de ir a tomarse un café con churros o a coger un taxi para volver a casa... ¡que empiecen los juegos del hambre! Acabamos sentados en las escaleras del metro con un bocata del chino y una coca cola esperando a que abran.

7. El primer día del año y voy a empezarlo como Massiel.

Y esta es la cruda realidad de los eventos navideños, amigos y amigas en apuros. Cantidades indecentes de alcohol y comida, cúmulos de despropósitos, ridículos estrepitosos y una pila de cosas de las que arrepentirse. Pero no os preocupéis si os pasáis un poco de la raya (o un mucho) estas navidades, porque al final, al día siguiente todo el mundo está muy ocupado sobreviviendo a su propia resaca y asumiendo sus propias vergüenzas como para estar pensando en los desfases nocturnos de los demás. Además, la única manera de soportar dichos eventos es bebiéndose hasta el agua de los floreros, así que pasadlo bien, acabad un año apoteosico como se merece y luego que os quiten lo bailao y lo cantao (aun que sea en un karaoke con una teta fuera delante de toda la oficina) Y recordad: Nunca hagáis caso a la gente que os dice que tenéis que dejar de divertiros.

¡Felices fiestas y borracheras 2016!


domingo, 23 de octubre de 2016

NIÑOS, NO CREZCÁIS ¡ES UNA TRAMPA!

Niños, no crezcáis, es una trampa. Corred, huid ahora que podéis al País de Nunca Jamás, porque luego, cuando empecéis a tener dos semanas de vacaciones de verano en vez de dos meses, ya será demasiado tarde . La culpa la tiene Hollywood, que cuando anuncia que una película contiene "situaciones adultas", aparece gente teniendo sexo desenfrenado, emborrachándose y comprando coches y zapatos caros, cuando debería aparecer gente yendo a trabajar, haciendo la declaración de la renta, tendiendo una lavadora o comprando en el Día a final de mes echando cuentas con la calculadora del móvil. 

Pues sí, he llegado a esa edad que tenían las personas a las que yo con 11 o 12 años veía como gente seria, que lo tenía todo bajo control. Pero yo no soy una de esas personas serias que lo tiene todo controlado, no. En realidad, la mayor parte del tiempo me siento como una niña vestida con una chaqueta elegante y un par de zapatos incómodos, cargando con un montón de responsabilidades, con un trabajo que a veces ni entiendo, ni sé como conseguí, y con el poder de vestirme como me de la gana y comer lo que me de la gana cuando me de la gana...y de verdad, hay días que me gustaría que alguien me quitase ese poder. 

El día en que me dí cuenta de que mi adolescencia había terminado y debía convertirme en una persona adulta y responsable de mi misma, fue el día que descubrí, para mi desgracia, que comiéndome un cubo de pollo  frito del KFC a las 3 de la mañana, no solo no iba a hacer que se me pasase la borrachera, si no que además me iba a producir una caca-pota histórica durante los próximos dos días, y lo peor de todo es que ya no estaban mis padres para pedirme cita con el médico, así que solo me quedaba la opción de meterme en la cama y rezar para no morirme. Y de repente entré en un extraño proceso en el que empecé a beber con moderación, a quitarme el maquillaje antes de meterme en la cama, cuando antes, había días que no me quitaban ni los zapatos, empecé a realizar mis propios trámites, a llamar al fontanero, al electricista, a lidiar con mis crisis existenciales y a dejar de decir "hostia, que putada" cuando alguna de mis amigas me llamaba para decirme que se había quedado embarazada.

Ufffff...demasiada adultez de golpe...¿Pero en que momento me he hecho yo tan mayor?

A mí todo esto de ser adulta me ha pillado desprevenida y sin nada planeado sobre qué iba a hacer cuando fuese mayor, porque pensé que eso de ser mayor iba a tardar un poco más. Simplemente me fui comprando todas las motos que me iban vendiendo durante mi adolescencia (la de la buena reputación, la estabilidad laboral, la comodidad de tener una pareja y una vivienda...) para llegar a la edad adulta de golpe y porrazo y darme cuenta de que cuando acabas la carrera no viene ningún señor a buscarte a la universidad, te da un maletín y te lleva a trabajar a una oficina, si no que el trabajo te lo tienes que buscar tú y últimamente no está nada fácil, que tener pareja también conlleva tener que ir a comer a casa de los suegros y que puede que las relaciones no duren toda la vida, pero las hipotecas sí. 

Cuando miro atrás y veo a mi YO de hace 20 años, que ahora mismo estaría corriendo al kiosko a comprar la Súper Pop para forrar la carpeta del cole con fotos de Brad Pitt  (me pregunto como me dejaban salir a la calle con esos pantalones de pata de elefante y tanta tontería encima) y me dan ganas de decirle cuatro cosas a esa quinceañera ingenua que andaba por ahí enamorada de Quimi el de "Compañeros"  (volved a ver esa serie ahora, compañeros/as generacionales, que os va a dar algo) que pensaba que todo el mundo era su mejor amigo, que se pasaba tres cuartas partes del día preocupada por lo que los demás pensaban de ella y que no podía esperar a ser un adulto sabelotodo para poder hacer lo que le diera la gana: "No puedo esperar a tener treinta años, para entonces ya tendré solucionada toda esta mierda" No, bonita, nunca vas a tener solucionada toda tu mierda, pero vas a aprender a cargar con ella de una manera muy elegante y sobre todo, vas a aprender a mentir. Vas a aprender a decir cosas como "tía, tienes razón" "me da igual que mi ex esté ahí con otra" "sí, claro que tengo experiencia en el sector" "qué bebé más bonito tienes" o "eso ya estaba así cuando yo llegué" sin tartamudear y con cara de poker. Porque en la vida adulta, mentir, fingir que lo tienes todo bajo control, aguantar el tipo y ser agradable con gente a la que te apetecería matar, es una cuestión de supervivencia. Luego puedes llegar a tu casa y hacerte bicho bola en el sofá, llorar, chillar, patalear, llamar a tu madre, a tu hermana o a tu mejor amiga para protestar de lo dura que es la vida, porque en esta vida hay muchos días de mierda, por mucho que Mr. Wonderful se empeñe en decir lo contrario y como buena persona adulta que eres, tendrás que aguantarlos. Y a cambio, te dejan comprar alcohol. 

Pero no os preocupéis niños y niñas, en realidad nadie tenemos ni puñetera idea de como funciona esto de ser adultos. Simplemente vamos improvisando sobre la marcha y eso, precisamente, es la aventura de la vida. 

Un día alguien me dijo que ser un adulto es mirar cien veces a los dos lados de la calle antes de cruzar para que al final te termine atropellando un avión. Y eso es exactamente en lo que consiste la vida adulta, así que relájate, porque nada está bajo control y nadie está nunca preparado para nada. Estar preparado no existe, solo existe aquí y ahora. No te preocupes si no has conseguido lo que te dijeron que iba a ser el trabajo de tu vida, porque no eres lo que lo que haces por dinero, eres lo que haces por amor. Tampoco te preocupes si no has encontrado a tu media naranja, porque en realidad eres una naranja entera desde que naces, y no tienes que cargar con nadie a quien no quieras o que no te quiera, simplemente porque nadie te ha comentado nunca que a veces la vida también transcurre maravillosamente con una cena para uno, o en una habitación individual de un hotel con vistas al mar o que beberse una botella de vino sola es bastante más fácil de lo que parece. Y recuerda que no tienes ninguna obligación biológica de formar una familia si no es lo que quieres, porque hacer niños es divertido, pero tenerlos no es para todo el mundo. 

Pero sobre todo NUNCA, NUNCA, NUNCA escuches a la gente que te dice que tienes que dejar de divertirte. La risa va a ser tu mejor aliada en esta vida y si hay algo se te ha dado bien en este proceso de convertirte en una persona madura, es que has aprendido que eso de la buena reputación es una solemne gilipollez y que al final la opinión de los demás vale lo que vale. Nunca se es lo suficiente mayor para teñirte el pelo de fucsia, para meterte en esa caja de cartón a ver si cabes o para perder la compostura y bailarte la canción del verano como si nadie te estuviese mirando, porque para lo único que ya no tienes edad es para quedarte con las ganas de hacer lo que quieras y andarte con tonterias y personas que te hagan perder el tiempo. Porque lo bueno de ser adultos, es que podemos decidir que significa ser adultos exactamente.

Haced caso a la Tita Morena en Apuros, que puede que no sea una persona adulta responsable, pero os aseguro que es una persona adulta feliz. 


Y repito, hemos venido aquí a ser felices. 


domingo, 24 de abril de 2016

DE OPERACIONES BIKINI Y OTRAS GILIPOLLECES DEL PRIMER MUNDO

Pues este año he decidido que no me iba a pillar el toro y llevo desde marzo a tope con la operación bikini. Ha sido tan fácil como coger el bikini e irme a Cuba y está teniendo tal éxito la operación, que pienso continuarla por todas las playas que pueda hasta que termine el año. Y no creo que necesite la ayuda de productos adelgazantes para gente gorda que toma la gente delgada en los anuncios, ni dietas milagro de esas que vienen en las revistas femeninas justo antes del "quierete con todos tus defectos" y justo después del "como cocinar una tarta de chocolate grasienta y sabrosa", ni consejos sobre como matarte en el gimnasio para deshacerte de esas curvas aerodinámicas y poco eróticas en menos de un mes porque ¡oh, sorpresa! ¡a los gordos también nos dejan entrar en la playa! Así que me he ahorrado tiempo, amor propio y dinero en cremas milagrosas, cuchillas supersónicas y revistas de moda para gente perfecta y me lo he gastado en mojitos en Cuba.

La operación bikini (ojo,, que se llama operación bikini y no operación bañador ni operación calzonzillo) es ese proceso que va desde que te metes en la boca el último trozo de roscón de reyes hasta que sale el primer rayo de sol del verano, y que se caracteriza básicamente por la falta de sentido común, como si el único motivo para llevar una vida saludable fuese el tener que meterse en un bikini y estar lo suficientemente delgada, lo suficientemente morena y lo suficientemente depilada, no sea que a la gente no les vayan a gustar tus fotos de Instagram. Y no os voy a mentir, claro que me gustaría estar más delgada, pero no solo en verano, si no todo el año, lo que pasa es que tengo mucha hambre, oigan. Tengo mucha hambre y la puñetera suerte de haber nacido en esa parte del mundo donde se tiene acceso a todos los alimentos, así que intento compaginar el cuidar mi cuerpo que es mi templo con mis pequeños placeres de gorda disfrutona. Y no me va nada mal, no. 

En una sociedad que saca beneficio de nuestra baja autoestima, quererse a uno mismo es casi un acto de rebeldía. Sobre todo por estas fechas, que ya empiezan a llovernos catálogos de ropa de verano con nombres tipo "vacaciones mediterráneas" que bien podían llamarse "vacaciones mediterráneas con un palo metido en el culo" porque de verdad, no sé que hará esa gente en sus vacaciones, pero se deben aburrir como un hongo porque yo esa cara no la tengo ni en mis peores lunes. Vamos, que el canon de belleza, a parte de ser el palo de una escoba, es una persona con unos vaqueros rotos de 60 euros, una camisa que parece un camisón de esos que te ponen cuando te ingresan en el hospital y cara de estar oliendo mierda en un palito. Debo haber parecido una puta loca paseando por el malecón de La Habana con mi botella de ron, mi vestido estampado (que sí, que ya se que las rellenitas no podemos llevar estampados, pero no lo puedo evitar, soy así de rebelde) y mi sonrisa de oreja a oreja.

Y esto va por todos, hombres, mujeres, de todas las formas, tamaños y colores a los que nos están bombardeando constantemente con que nuestros cuerpos no valen, que nuestra ropa no es lo suficientemente molona, que tenemos que beber gin tonics que parecen ensaladas (en serio, las flores se huelen, no se beben), que está bien comer pijadas minimalistas en sitios delicattesen (si te han cobrado 200 pavos y has tenido que imaginarte que comías, es que te han timado, macho. Si de verdad quieres tener experiencias imaginarias, te sale más barato comer setas alucinógenas) y que absolutamente todo lo que te parezca extravagante o diferente (que curiosamente es lo que te está haciendo igual a todo el mundo) es lo que tienes que hacer para molar. Y si no, no molas nada.

Y yo, ante semejante aluvión de gilipolleces del primer mundo, me hago la misma pregunta de siempre: ¿Nos hemos vuelto tontos?

No, no nos hemos vuelto tontos. Tontos ha habido siempre, lo que pasa es que antes se les aguantaba en su casa. Ni hay más tontos ahora, ni el postureo es un invento del siglo XXI y si no, acordaos de ese amigo sobrao que todos hemos tenido en algún momento, que si tu habías visto una película, él ya la había visto en versión  original con subtitulos en polaco y que si tu habías ido al concierto de un grupo nuevo, él ya los había visto hace 7 años cuando no eran tan comerciales y molaban más. Vamos, un tocapelotas de los de toda la vida. El problema es que ahora tienes que aguantar a tu amigo tocapelotas y a todos los amigos tocapelotas del mundo en esa gran plaza pública que son las redes sociales. No me malinterpreteis, me gustan mucho las redes sociales y me gusta mucho la vida moderna, si no, no estaría aquí contando esto. Y también me gusta mucho que si ahora mismo estáis frente a la catedral de Venecia o viendo una puesta de sol de infarto en alguna parte remota del mundo, lo compartáis conmigo y con tus otros 200 amigos de Facebook, porque de alguna manera nos hacéis sentir que estamos todos allí. Pero de verdad, no hace falta molar tanto. Sé que no moláis tanto. Porque hay días que no se arreglan con photoshop ni con los mejores filtros de Instagram. Yo misma no molo nada la mayor parte del tiempo. No estoy todo el día socializando, viajando, bañándome en la playa, corriendo por las praderas cantando "The Sound of Music" y vomitando arcoiris, no.  Muchos días salgo de casa con un moño mal hecho y un jersey lleno de bolas, cagándome en Mr.Wonderful y en toda su mierda buenrollista, me echo los gintonics a chorro y los mezclo con el morro de la botella de tónica, hay fines de semana que me pongo el pijama el viernes y me lo quito el lunes por la mañana para ir a la oficina y paso las horas muertas leyéndome el cuore y viéndome 300 capítulos de NCIS seguidos, no se nadar ni montar en bici y he visto Ocho Apellidos Vascos como mil millones de veces porque me muero de la risa. Y me gusta Pretty Woman, sí, mucho. Me gusta la canción de Roy Orbison cuando hace "Grrrrrr" y siempre lloro al final cuando Richard Gere va a buscarla en limusina. Y también me gusta Pitbul. Y la Gosadera. Es más, si estoy en un garito a las 4 de la mañana y todavía no me han puesto ni la del taxi ni la de la gosadera, ese garito es una mierda.

Y tampoco estoy escribiendo esto en mi Apple, desde una cafetería muy cuqui con decoración vintage, bebiendo café en tazas de flores. Estoy escribiendo esto desde la cocina de mi casa, en un portátil que ya se me ha apagado tres veces, con el cenicero lleno de colillas, una pila de platos sin fregar acumulada de todo el fin de semana y pensando si sigo a cafés o si ya es una buena hora para abrir una botella de vino.

Ya veis, no molo nada. Porque no he venido aquí a molar, ni a gustarle a todo el mundo, ni a tener mil amigos en Facebook. He venido aquí a ser feliz y si algo no me hace feliz, pues no me vale. Y si en algún momento se me olvida que estoy aquí para divertirme, siempre puede venir un ángel en forma de mulato cubano de dos metros a darme un pequeño empujoncito:

- ¿No bailas? 
- Es que me da vergüenza...
- Vergüenza debería darte estar ahí sentada sin bailar.
- Vale muchacho, nos hemos ganado un baile.

Ya lo habéis oído. Vergüenza debería daros estar ahí sentados sin bailar con la vida. Y recordad, no estamos aquí para bailar bien, estamos aquí para divertirnos. 

domingo, 31 de enero de 2016

SE ACABÓ EL ROMANCE: TODO EL MUNDO ESTÁ MUY OCUPADO MIRANDO TINDER.

Siempre fui consciente desde que estrené mi soltería hace ya un par de años, de que me había perdido, algo pero no sabía muy bien el qué. Después de darle muchas vueltas, por fin he llegado a la conclusión de que me he perdido el momento en el que nos hemos vuelto realmente gilipollas:  ¿Desde cuando una cita se ha convertido en una entrevista de trabajo? ¿Como es posible que ahora puedas encargar un ser humano en Tinder como si encargases una pizza? ¿NO SE SUPONE QUE ESTO DEBERÍA SER DIVERTIDO?

No me malinterpretéis, no tengo nada en contra del uso de las redes sociales para conocer gente, imagino que a cada uno nos vale una cosa y al final es simplemente una herramienta más de la que los solteros podemos beneficiarnos. Pero personalmente, interactuar con alguien a través de una pantalla porque me ha gustado su foto de perfil y tenemos cuatro cosas en común, se me hace frívolo y superficial; que exista algo que se llame "Adopta un Tío" en pleno siglo XXI me parece, cuanto menos, indignante y tengo cosas bastantes mejores que hacer que estar encerrada en mi casa deslizando la pantalla del móvil a ver si aparece alguien interesante.

Tampoco entiendo muy bien que nos quejemos constantemente de que no somos capaces de encontrar a nadie genuino, cuando lo buscamos en un sitio lleno de fotos con filtros y de perfiles standard del tipo "Soy simpático, alegre un poco tímido a veces, me gusta el cine, leer, viajar..."

Entiendo que nadie en su sano juicio va a poner algo como "Soy un psicopata, rancio y antipático, me da miedo montar en tren y en avión y lo más largo que me he leído en mi vida es un catálogo del Media Mart", pero independientemente de tan "originales" descripciones de uno mismo, que lo único que consiguen es que me dé una pereza inmensa conocer a nadie, no soy partidaria del online dating porque no solo creo firmemente que arruina la magia de conocer a alguien inesperado en un lugar inesperado, sino que creo que ha arruinado el romance en general ¡todo el mundo está muy ocupado mirando Tinder! No es que yo haya sido nunca muy fan de ligar en los bares, pero tenía su gracia y de vez en cuando pillabas... ahora nadie te dedica ni un mísero "Me suena tu cara ¿vienes mucho por aquí?" porque con deslizar la pantalla del móvil un par de veces lo tienen todo hecho.

No sé vosotros, pero yo desde que se puede comprar casi todo por internet, pedir comida, ver películas, buscar trabajo y hasta echar un polvo o encontrar pareja, vivo con miedo de salir un día a la calle y encontrármela vacía. Así que el otro día, presa del pánico, decidí irme corriendo a la calle con intención de disfrutarla al máximo, no sea que la vayan a quitar por falta de uso, me senté al sol en una terraza, me pedí una cerveza bien fría y una tabla de quesos, y entonces... sucedió el milagro:
Una camarera, a la que solo podría describir como adorable, fue vilmente humillada por una jefa tirana delante de toda la parroquia, y la pobrecilla, muy disgustada, salió a la terraza a tomar un poco el aire. De repente, un hombre (el único de todo el bar que levantó la vista del teléfono durante el percance) se acercó a preguntarla si se encontraba bien (para los que no estéis familiarizados, se llama empatía) y después de escucharla (¡con atención!) y darla ánimos, terminaron riéndose juntos y quedando en volver a verse al día siguiente para charlar otro rato. Y a mi me dieron ganas de llorar, levantarme, abrazarles y decirles que ojalá estuviesen juntos toda la vida, porque no solo me recordaron que la vida real puede ser maravillosa, si no que el hecho que una chica con una coleta mal hecha, sin maquillar y un uniforme de camarera poco favorecedor, consiguiese una cita simplemente siendo simpática, confirmó mi teoría de que a lo mejor el día que nos dejemos de tanto postureo, narcisismo y de preocuparnos de si a los demás les gustará nuestra foto de perfil, volveremos a disfrutar de la vida y el amor. 

Vale, soy consciente de que si conocer a alguien es difícil, sobrevivir a la fase de cortejo y conocimiento mutuo no lo es menos. Probablemente todos hemos echado de menos en algún momento esas citas quinceañeras de cine,  McDonals y beso de despedida con sabor a McFlurry, y le damos mil vueltas a si estaremos haciendo lo correcto cada vez que no recibimos lo que esperamos o que la cosa se tuerce un poco. Yo, a base de darme todas las toñas del mundo, he llegado a la conclusión de que lo correcto suele ser aquello que te hace sentir bien y que no va en contra de tus principios. Y casi sin darme cuenta, he generado una serie de alarmas mentales que me ahorran un montón de tiempo y sacrificios innecesarios:

1. ¿Crees que somos amigos? Too bad. Estamos saliendo. Tus amigos son con los que juegas al futbitol los domingos.

2.  No voy a entrar en tu guerra psicológica de tardar horas, incluso días, en contestar a un mensaje para demostrar que tengo el poder por ser la persona menos interesada en la relación. Te escribiré cuando me de la gana, y si no quieres contestar...bueno, tampoco soy el tipo de persona que se queda en su casa esperando a que nadie la llame.

3. ¿Solo quieres sexo conmigo? Pues tengo grandes noticias que te van a dejar ojiplático: ¡Las mujeres también disfrutamos del sexo! Deja de pensar que tener un pene te hace estar en una posición superior.

4. No voy a arreglar nada que yo no haya roto y mucho menos voy a esperar a que sepas lo que quieres. Soy muy consciente de la cantidad de cosas buenas que pueden pasarme si elijo no quedarme en casa siendo una amargada miserable.

Y al final, la sabiduría que me ha dado el fracaso, se ha traducido este último año en dos relaciones estupendas, con dos personas estupendas que he conocido en el mundo real, lejos de instagram, de pinterest y de Tinder, con nuestros malos días, nuestros caretos de recién levantados y nuestras manías obsesivo-compulsivas, que en ningún momento han sido un impedimento para vivir situaciones emocionantes, maravillosas, de esas que quitan el hipo,  y mucho menos para que ambas tuviesen finales felices. Y digo finales felices, porque en una relación pueden pasar dos cosas: que se acabe en algún momento o que dure toda la vida, y ambas opciones me resultan aterradoras, así que he decidido que si tengo pareja bien, y que si no la tengo también.

Por eso tengo grandes noticias para vosotras, solteras en apuros, ¡ya podéis dejar de preocuparos! Un día vais a encontrar un hombre maravilloso, que va a poner vuestro mundo patas arriba y con el que vais a querer pasar el resto de vuestra vida. Y cuando ese día llegue ....ese hombre no querrá salir con vosotras. Estaréis pensando que en que clase de universo paralelo esto es una buena noticia...¡pues en este, amigas! porque en el momento en que aprendes que la vida no es un cuento de hadas, te quitas el síndrome de cenicienta, los tabús y demás pensamientos irracionales que probablemente te hayan estado acompañando durante gran parte de tus felices veinte, estás de enhorabuena ¡ya puedes empezar a disfrutar!








viernes, 1 de enero de 2016

QUE ACABEN YA LAS NAVIDADES PORQUE SI NO LAS NAVIDADES VAN A ACABAR CONMIGO


Por favor, que acaben ya las navidades porque si no las navidades van a acabar conmigo. Me he gastado mil euros en cosa de una semana, llevo un mes bebiendo como si tuviera un hijo en la cárcel y por mucho que el año pasado me castigara escribiendo mil veces en una pizarra "No volveré a comportarme como Massiel en la cena de navidad de la empresa", este año me he vuelto a caer con todo el equipo. Yo, que siempre acudo a dicho evento con toda mi buena intención de "voy a estarme tranquilita esta vez, a ver si la lía otro y se les olvida que el año pasado estuve comiéndome los morros con Antuñez de contabilidad detrás de un contenedor". Pero parece ser que todos los años la liamos los mismos. Yo creo que en vez de poseerme el espíritu navideño me posee el espíritu de Amy Winehouse, porque he vuelto a terminar a las 8 de la mañana en la puerta de mi casa, con las medias rotas y los tacones en la mano, cantando "Mi Gran Noche" de Raphael, sin saber si he llegado a casa en taxi, en metro o en aeropatín. 

Pero hay algo mucho peor que el domingo de resaca, y es el lunes de vergüenza. Porque hay que volver a la oficina después de la cena de navidad con la cabeza lo más alta posible, aguantarle la mirada a los que te miran y cuchichean y saludar a Antuñez como si no hubiese pasado nada. Probablemente Antuñez, que se sienta al otro lado del pasillo, lleve toda la mañana haciendo sus necesidades en la papelera de su despacho con tal de no ir al baño y pasar por delante de mi mesa, pero como al final no le queda más remedio que salir de la oficina, porque es navidad y todos queremos irnos a las cañas a una hora prudente, se levanta de su mesa y se dispone a cruzar el pasillo a paso acelerado y sin dejar de mirar al suelo. Puedo percibir su miedo conforme se acerca a mi altura, entonces levanta ligeramente la cabeza, me mira de reojo y dice muy alto: "¡Buenos días Marta!". Con la cara como un tomate, vuelve a bajar la cabeza y acto seguido se da un golpe de campeonato en el dedo pequeño del pie con el marco de la puerta del baño. A punto estoy de levantarme a preguntarle si está bien, pero en un intento de conservar su dignidad intacta, emite un casi inaudible "¡ay!" y continua su camino mientras le caen lagrimones de dolor por las mejillas. Entiendo que al igual que yo, lleva toda la mañana pensando como gestionar esto con la mayor naturalidad posible, pero si lo más inteligente que se te ha ocurrido es cruzar el pasillo a toda leche sin mirar por donde vas, hablando a voces y golpeándote con los marcos de las puertas...¿¡que coño has descartado!? ¿¡venir tocando la zambomba!?

Menos mal que las vacaciones de navidad lo curan todo, porque tener que aguantar en una misma noche a todos mis tíos, primos, cuñados y demás allegados ya es suficiente problema como para tener que andar preocupándome de nimiedades como el pedorro de Antuñez. Porque ahora vienen todas esas cenas y comidas familiares en las que da igual como estés que todo el mundo te ve demasiado gorda o demasiado delgada y andan todos pendientes de si comes mucho, poco o normal. Deberían establecer unas cantidades standar de comida y bebida a ingerir durante la cena de nocebuena para evitar cosas como que aparezca mi abuela de la nada, me quite el vaso de vino de la mano y me diga: "¡Deja de beber ya, coñe, que no sueltas el vaso en toda la noche!" y que acto seguido llegue mi cuñado con una botella de patxaran, y me llene el vaso hasta arriba: "¡Bebe un poco más, que no bebiste nada en toda la noche! ¡pa´que estás bebiendo agua si hay patxaran!" 

Pero lo mejor de la noche son las tías que no se enteran de nada y que encima se han tomado cuatro vinos de más y han cruzado la barrera de lo políticamente correcto sin ningún tipo de reparos. Esa tía Pili que se me acerca, me da un cariñoso azote en el culo sin dejar de comentar de nuevo que me estoy poniendo tremenda (y no en el bueno sentido de la palabra) y me suelta: 

- Bueno, tendrás que ir ya pensando ya en ideas para la boda ¿nooooooo? 

Claramente se le ha ido la mano con el anís y se está confundiendo de persona. 

- Que no, tía, que la que se casa es mi hermana. 

- Ya bueno, pero tu tendrás que ir pensando en casarte también - ¿otra veeeeeez? - ¡que pasar las navidades en pareja y con niños es muy bonito! 

No se que ha sido más bonito, si la bronca monumental que han tenido mi hermana y mi cuñado porque mi hermana no quiere ir a comer a casa de sus suegros el día de reyes o cuando mi primo el pequeño se ha metido una pieza de lego en la nariz, provocando un infarto a sus padres, que han ido echando leches a sacársela mientras su otro hijo lloraba y pataleaba en el suelo porque se había hecho cacota en el pañal y nadie le estaba haciendo caso. Entonces mi plan de hacerme bola en el sofá de mi madre con una botella de vino y una caja de polvorones viendo el especial de Raphael de nochebuena me ha parecido la caña, y lo mejor que voy a hacer en todas la navidades. 

Porque mi mejor traje de noche es mi pijama a juego con mis calcetines gustosos de ovejitas, y una de mis actividades favoritas es beber vino y comer chocolate en cantidades industriales sin que nadie me advierta de que me estoy poniendo tremenda y así nunca voy a encontrar marido. 

Si queréis una sabio consejo navideño para ser unas morenas y morenos en apuros plenos y felices en el 2016, romped ahora mismo en mil pedazos vuestras listas de propósitos de año nuevo llenas de "tengo que hacer" y "debo hacer" y redactar una nueva lista repleta de malos hábitos en buena compañía, clases de baile, paseos por la naturaleza y todo aquello que os cause placer. 

A los que habeis sobrevivido a las navidades ....¡que tengáis un 2016 de escándalo! 



jueves, 8 de octubre de 2015

QUIERO ESTAR SOLTERA Y PUNTO

Ojiplática me hallo. Si no estaba ya lo suficientemente escandalizada escuchando al club de 50 Sombras decir que quieren un novio como Christian Grey (un hombre guapo, multimillonario, totalmente perturbado que entra en tu casa sin tu permiso y va la puerta de tu trabajo a acosarte. Vaya partidazo, chicas) ahora no puedo evitar llevarme las manos a la cabeza con el recién aparecido club de las “SOLTERAS PERO CONTIGO”, que bien podría llamarse el club de las “QUÉDATE SOLTERA Y SE SUMISA” pero eso sonaba muy a Siglo XX y ahora somos todas mujeres muy modernas y no nos quedamos en casa atendiendo a nuestro maridos. Ahora, según da a entender la carta en la que se ha publicado dicha declaración de principios, somos tan modernas que nos quedamos en nuestros pisos de solteras solas y aburridas esperando a que ellos nos llamen para atenderlos. No me preocupa tanto el  club de Christian Grey, ya que las posibilidades de encontrar a un guapo multimillonario que te vaya a recoger a tu casa en helicóptero son bastante remotas. pero me vais a permitir que me ponga un poco seria con el asunto de las Solteras Contigo porque me preocupa de sobremanera que exista un amplio grupo de mujeres que se sorprenda al leer textos que hablan de parejas que se rien haciendo el amor porque están probando cosas nuevas, como si hubiesen descubierto la pólvora o que estén esperando a que venga el príncipe azul y las diga “coge el pasaporte que nos vamos” para hacerse un buen viaje porque me hace pensar que no van solas ni a por el pan y que solo follan los sábados por la noche, en la postura del misionero, con la luz apagada y un agujero en la sábana. Y eso, amigas, no tiene nada de moderno ni de progre porque es exactamente lo que han estado haciendo nuestras abuelas y nuestras bisabuelas durante años.


Siento ser yo la que os desmonte el mito, amigas, pero si queréis una relación así, no sois solteras. Ni siquiera sois independientes y mucho menos modernas o transgresoras. Una mujer soltera es una persona  con una excelente relación con ella misma y una agenda llena de planes, que no va los domingos por la mañana a cuidarle la resaca a nadie porque ya se está cuidando la suya propia y no está sentada en el sofá de su casa aburrida esperando a que ningún tío la llame porque está muy ocupada siendo productiva, conociendo gente interesante, viajando, socializando o simplemente relajándose y dedicándose tiempo a si misma, y no se le ocurre ni por lo más remoto abandonar tan preciada soltería por un hombre que la escribe cuando está borracho o que se pasa toda la noche tonteando con otras y la llama a última hora para usarla de cojín. Si acaso, abandona la soltería por un hombre que la trata de igual a igual y que no la lleva a sus juergas ni a sus viajes porque no es un objeto que se pueda llevar o traer, simplemente le acompaña o van juntos. Y perdería su soltería, que no su intimidad como individuo, que es exactamente lo que se supone que debe suceder en una relación sana y normal. Vamos, que si creéis que habéis descubierto algo novedoso con la dichosa carta es que habéis estado viviendo en el siglo XIX.

Llamemos las cosas por su nombre. Quiero estar soltera sin ti y quiero estar en pareja contigo. En una relación de igual a igual en la que no solo nos aguantemos las borracheras, nos riamos haciendo el amor a escondidas en lugares públicos y nos contemos nuestros planes sin pies ni cabeza. Quiero una relación de pareja en la que nos aguantemos nuestras neuras, nos peleemos, nos reconciliemos, nos molestemos en la cama con nuestros pies fríos y nuestros ronquidos, en la que no siempre estemos de acuerdo en todo, una relación real en la que podamos ser nosotros mismos aun que a veces no nos soportemos. Una relación en la que no se establecen normas ni bases, porque ambos entendemos en lo que consiste una relación equilibrada.


Quiero estar en pareja contigo o quiero estar soltera y punto.